Cesar Alberto Zapata

Nació el 17 de enero de 1959 en Federal pero vivió su infancia en el barrio Ferrocarril de Viale, concurrió a la escuela Normal Mixta, y en el año 1982, era integrante de la dotación del Crucero ARA General Belgrano, falleció el 2 de mayo a las 16:00 hs. durante el hundimiento del buque, luego de ser atacado por un submarino atómico “Conqueror” fuera de la zona de exclusión, tenía 23 años.

Cesar Zapata y Felix Zapata (Hijo y nieto): ¡Anécdotas y recuerdos de César! «Primero que nada, un profundo orgullo por el padre y compañero que fue, por haber defendido la soberanía argentina, al igual que tantos otros. Queda también la nostalgia de cada historia que llega, de cada persona que cuenta cómo era como amigo, cómo era como persona. Y hay algo que no es menor: nadie tiene un recuerdo negativo de él, ni siquiera desde su infancia. Estas fechas traen siempre una mezcla de emociones: alegría y tristeza a la vez. Alegría por su legado, por su historia, por el orgullo que también hoy siente su nieto al hablar de quién fue su abuelo y de cómo defendió a su país. Y tristeza por todo lo que la guerra se llevó: las historias que nunca se contaron, los momentos que no pudieron compartirse, los abrazos que quedaron pendientes. Abuelo cesar me contaron q era muy buena persona siempre te quise conocer y compartir un asado o un truco  con mucho amor tu nieto felix

Amanda Primitiva Reyes (Esposa): » César era, ante todo, un hombre de familia. Sus hijos eran lo más importante para él. Pero también lo era el mar: su mundo, su lugar, donde verdaderamente era feliz. Navegar lo llenaba, lo definía. Disfrutaba de las cosas simples: jugar al billar, a la pelota, compartir momentos. En el buque encontraba esos espacios, y cuando regresaba a Viale, se reunía con sus amigos, siempre con algún partido de por medio. Era una persona reservada, de pocas palabras, pero muy observador. Cuando hablaba, lo hacía con sentido. Fanático de Boca, también disfrutaba de la música y de la fotografía cuando tenía la oportunidad. Amaba profundamente el mar y todo lo que habitaba en él: sus “flamencos rosados”, como llamaba a los pingüinos, las gaviotas y cada uno de los animales que formaban parte de ese paisaje que tanto lo apasionaba. Hoy lo recordamos con orgullo, con amor y con la certeza de que su historia vive en cada uno de los que lo conocieron y en quienes siguen contando quién fue.